Los Pirineos se elevan al norte de Navarra. Valles siempre verdes, montañas que van elevándose a medida que miran al Este, bosques centenarios y lugares emblemáticos jalonan los Pirineos de Navarra: el valle de Baztán, el Señorío de Bertiz, la colegiata de Orreaga/Roncesvalles, la selva de Irati, el valle de Roncal o la sierra de Aralar-Urbasa.
Los Pirineos atraen a viajeros de los cinco continentes, que buscan, a su sombra, el retorno a la esencia del mundo rural y conocer las huellas de su historia, el eco de mil leyendas y el modo de vida de sus habitantes.
La arquitectura rural se integra en este encantador paisaje, desde los caseríos de la vertiente atlántica a los núcleos compactos de calles estrechas y empedradas, propios de los valles orientales. Naturaleza, agua, hombres, historia, mitología, costumbres, gastronomía, sonidos y silencio... todo se funde en los Pirineos de Navarra.
Del río Bidasoa a Baztán
Los Pirineos arrancan junto al mar Cantábrico. El río Bidasoa es el corazón del extremo noroccidental de Navarra. Robles, castaños, helechales y prados en los que pasta el ganado conforman un paisaje salpicado de caseríos y poblaciones como Bera, localidad en la que merece la pena visitar las casas de la calle que une la villa con el barrio de Alzate o contemplar Itzea, la casa de los Baroja, donde vivió el conocido escritor Pío Baroja y su familia.
En Etxalar, pueblo que debe su fama a la peculiar forma de caza con red de las palomas de pasa durante el otoño, el viajero debe detenerse en el evocador cementerio ajardinado con estelas discoidales de su iglesia.
Ya en la zona denominada Malerreka, Ituren y Zubieta son dos poblaciones conocidas por sus carnavales y por el desfile del zanpanzar: porteadores de grandes cencerros vestidos con pieles y gorros de colores recorren el camino que separa a los dos pueblos en una ancestral tradición. Aquí puede imaginarse cómo fue la baja Edad Media contemplando torres defensivas como Jauregizar, en Donamaría, pero también disfrutar del encanto de un lago de montaña en los embalses de Leurza.
El Parque Natural del Señorío de Bertiz, con más de 2.000 hectáreas de bosque atlántico y un jardín botánico que reúne plantas de todo el mundo, es uno de los destinos más visitados de Navarra. Su Centro de Interpretación da idea al visitante de la riqueza natural de la zona. El jardín de Bertiz nos traslada a principios del siglo XX, en un espacio que comparten nenúfares, gingkos de China, secuoyas de California y castaños de Balcanes. Quienes recorran su bosque de hayas, robles, avellanos, fresnos y sauces, además de disfrutar de las corrientes de agua que lo recorren, podrán ascender hasta el palacete modernista de Aizkolegi, en el alto del mismo nombre.
Desde Bertiz, y siguiendo el curso del río Bidasoa, se llega al Valle de Baztán. Tierra de hidalgos e indianos, el clima de Baztán es suave, con verdes praderas y grandes masas arbóreas. Baztán es un lugar para el ensueño, un espacio en el que la niebla juega con los montes, los dispersos caseríos, los árboles, con los habitantes de hoy y de hace siglos.
Al encaminarse hacia el corazón del Valle, bellas localidades albergan palacios medievales como Jauregizar, en Arraioz o los palacios de Dorrea y Jaureguizuria, en Irurita. El aire señorial y el eco de pasadas emigraciones de las llamadas “casas de los indianos” se respira en las calles de Gartzain, Elbete, Arizkun y Elizondo, capital del valle. Precisamente en Elizondo, el Museo etnográfico Jorge Oteiza ofrece la posibilidad de conocer cómo han vivido, durante siglos, los habitantes de esta parte de los Pirineos, su gusto por deportes rurales como la pelota, por la música, su amor al euskera –lengua de la zona-, a las tradiciones y su vinculación al trabajo ganadero y agrícola. En Arizkun, el Museo Santxotena conecta el arte contemporáneo con las raíces del peculiar barrio de Bozate.
Junto a la frontera, Urdazubi/Urdax y Zugarramurdi son famosas por sus hermosas cuevas, llenas de estalactitas las de Ikaburu, en Urdazubi/Urdax, y marcadas por los procesamientos por brujería de 1610 las de Zugarramurdi.
La sierra de Aralar y la Ultzama
La naturaleza verde de los Pirineos se extiende en dirección sur hacia los pueblos de Basaburúa y la zona de la Vía Verde del Plazaola, un hermoso recorrido que une Mugiro y Lekunberri con Leitza y la localidad guipuzcoana de Andoain.
Desde Lekunberri se accede también a la sierra de Aralar, paraje plagado de dólmenes, paraíso de senderistas y escenario de leyendas como la de Teodosio de Goñi, que venció a un dragón en el lugar en el que hoy se levanta el Santuario de San Miguel in Excelsis. Este templo, con más de mil años de historia, guarda en su interior el Retablo de Aralar (siglos XII-XIII), obra cumbre de la esmaltería europea, además de una imagen del arcángel San Miguel, relicario del siglo XVIII, venerado en toda la Comunidad.
Desde el privilegiado mirador de San Miguel se divisan las sierras de Urbasa y Andía, un macizo montañoso formado por dos mesetas kársticas en las que abundan las simas y un importante acuífero de aguas subterráneas que da lugar al manantial de Arteta y al espectacular nacedero del Urederra.
En el hermoso valle de la Ultzama, ya cerca de Pamplona, se hace imprescindible conocer el bosque de Orgi, un robledal milenario de ochenta hectáreas, único testigo de los robledales que abundaban en los valles húmedos del norte de Navarra. Gracias a su Área Natural Recreativa, en Orgi se puede disfrutar de sencillos paseos, sumergidos en un bosque en pleno proceso de regeneración natural.
Puerta del Camino de Santiago
La ruta principal del Camino de Santiago llega a Navarra por Luzaide/Valcarlos, el puerto de Ibañeta y Colegiata de Orreaga/Roncesvalles, hito principal de la Vía Compostelana en los Pirineos de Navarra. En este lugar, tuvo lugar en el año 778 la batalla de Roncesvalles, histórica derrota de Carlomagno que cuenta la “Canción de Roldán”. Orreaga/Roncesvalles es un lugar mítico, sede de un centro de acogida de peregrinos y de un conjunto de edificaciones del siglo XII en las que destacan su bella Colegiata, el hospital, la abadía, el claustro, con el sepulcro del rey Sancho VII el Fuerte y la sala capitular.
La Colegiata comenzó a construirse a finales del siglo XII. La restaurada iglesia colegial, de estilo gótico francés, está presidida por la imagen de Santa María de Roncesvalles (XIV), una talla de madera revestida con plata que, según la leyenda, apareció milagrosamente por el anuncio nocturno de un ciervo en cuyas astas brillaban dos luceros.
El llano de Auritz/Burguete, con sus praderas, pastizales y bosques de hayas, es el más extenso del Pirineo navarro. Bosques de distintas especies esperan en los valles de Arce, Erro y Quinto Real, una gran superficie protegida donde viven corzos, jabalís y ciervos. En otoño, los sonidos de la berrea sobrecogen entre la niebla, la suave lluvia y la espesura del bosque.
De la selva de Irati a Larra-Belagua
La selva de Irati es uno de los mayores tesoros naturales de los Pirineos de Navarra. Con sus 17.000 hectáreas, Irati es el mayor hayedo-abetal de Europa. Una red de senderos recorre el corazón del bosque, con lugares emblemáticos como el embalse de Irabia y la ermita de la Virgen de las Nieves. Irati es una inmensa mancha verde que se mantiene en estado casi virgen, con dos espacios protegidos y una reserva integral. Aquí es posible, todavía, disfrutar de un encuentro a solas con la naturaleza, dejarse acariciar por un silencio sólo roto por el discurrir del agua.
Si se accede a la selva de Irati desde el valle de Aezkoa, podrá disfrutar, además, del encanto de los valles pirenaicos orientales de Navarra, estrechamente ligados a la ganadería y a la explotación forestal: casas de piedra, calles empedradas o los hórreos que se conservan en ellos son las señas de identidad de un valle que ha permanecido intacto durante siglos. A Irati se llega a través de la antigua fábrica de armas de Orbaitzeta, construida en el siglo XVIII y que, tras sufrir varios ataques, saqueos e incendios, cerró sus puertas en 1873. Rutas montañeras llevan a cumbres del entorno como Ortzantzurieta, la Reserva Natural de Mendilatz y Urkulu, en cuya cima se encuentran las ruinas de una torre romana y en donde cuenta la leyenda que está enterrada Pyrene, bella ninfa de los manantiales de la que se enamoró el dios Hércules y a la que los Pirineos deben su nombre.
El otro acceso al Irati está en el valle de Salazar, destino de aquellos que buscan paisajes montañosos y un entorno verde sembrado de riachuelos de aguas transparentes. En sus pueblos empedrados, llaman la atención los empinados tejados a dos y cuatro aguas que cubren todas las viviendas, diseñados para contrarrestar los fríos inviernos de un valle acostumbrado a la nieve. Su villa más emblemática es Ochagavía, que conserva palacios medievales, casas blasonadas del XVIII y XIX, un puente medieval y, ubicado encima del pueblo, el santuario de Muskilda. En el extremo oriental de Irati, el Pico de Ori, con sus 2.021 metros, marca el comienzo de las altas cumbres pirenaicas.
El valle de Roncal es el más oriental del Pirineo navarro. Tierra de pastores y almadieros, en Roncal, población que da nombre al valle, nació el tenor Julián Gayarre. En Burgui, localidad que alberga el Museo de la Almadía (embarcaciones de troncos que surcaban los ríos desde el norte de Navarra hasta Zaragoza y Tortosa), se celebra todas las primaveras, el Día de la Almadía, declarada recientemente Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Desde el Roncal se accede al Valle glaciar de Belagua, paraíso de senderistas, montañeros y, en invierno, de amantes del esquí de fondo. Entre sus elevadas montañas, son muy conocidas Lakora (1.877 metros), Txamantxoia (1.945 metros) y la Mesa de los Tres Reyes (2.442 metros), techo de Navarra en la muga con Aragón y Francia. Al norte de Belagua, la Reserva Natural de Larra es conocida por su paisaje de roca caliza y por celebrarse en una se sus simas, la de San Martín, el ancestral “Tributo de las tres vacas”- se celebra cada 13 de julio. En esta fiesta los alcaldes del valle francés de Baretous entregan, tras un curioso ceremonial, tres vacas a las autoridades roncalesas, fruto de un acuerdo que puso fin a los continuos litigios fronterizos por los pastos y las fuentes para el ganado-. La masa forestal y la especial orografía de Larra-Belagua permiten la presencia en él de animales como sarrios, marmotas, urogallos e, incluso, la esporádica aparición del oso pardo.
Especialmente singulares resultan también las gargantas pirenaicas, conocidas en Navarra como “foces”. La foz de Lumbier, con paredes de hasta 150 metros y la de Arbayún, con una longitud de casi 6 kilómetros y desniveles de hasta 300 metros, son un paraíso para animales como los buitres, los halcones, quebrantahuesos, nutrias, zorros, jabalís y corzos.
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